Hubiese sido acertado escribirlo, decirlo, mucho antes. Antes que de la muerte de Christian 'Chucho' Benítez se haga un suceso más trascendente que su vida misma.
El joven delantero Benítez (Quito 01-05-1986 / Doha 29-07-2013) falleció en Quatar, antes siquiera de debutar con su nuevo club, producto de complicaciones cardíacas. Dolores abdominales le condujeron al hospital en Doha, en donde la afección devino en lo que se diagnosticó como un infarto que cesaría con la vida del 'Chucho'. Más adelante, con su cuerpo ya en Ecuador, y ante la sospecha que no habría recibido las atenciones médicas con la diligencia que el caso ameritaba y los rumores de una peritonitis letal, se le realizaría dos autopsias que determinarían que el delantero tenía un problema cardíaco que terminaría más temprano que tarde con su fallecimiento.
El joven delantero Benítez (Quito 01-05-1986 / Doha 29-07-2013) falleció en Quatar, antes siquiera de debutar con su nuevo club, producto de complicaciones cardíacas. Dolores abdominales le condujeron al hospital en Doha, en donde la afección devino en lo que se diagnosticó como un infarto que cesaría con la vida del 'Chucho'. Más adelante, con su cuerpo ya en Ecuador, y ante la sospecha que no habría recibido las atenciones médicas con la diligencia que el caso ameritaba y los rumores de una peritonitis letal, se le realizaría dos autopsias que determinarían que el delantero tenía un problema cardíaco que terminaría más temprano que tarde con su fallecimiento.
Al hablar de Benítez, como delantero, hablamos de un jugador de calidad, con destacadas actuaciones en El Nacional (Ecuador), Santos Laguna y América (ambos mexicanos). Sus actuaciones en México le abrieron las puertas de Inglaterra, donde no se adaptó y de Quatar, lugar que nunca pudo disfrutar de sus goles. Se puede decir que fue México su 'hábitat perfecto'. Llamo hábitat perfecto al equipo o país donde un jugador mejor se desenvuelve, como producto de su adaptación a ese medio. Es lo que le pasaba a Benítez: En ningún lugar produjo tanto como en el campeonato mexicano y con las camisetas que allí defendió.
Su paso por la selección ecuatoriana fue, cuando menos, controversial. Jugador infravalorado, su nombre pasó a ser para el hincha común el preferentemente pronunciado como primer sustituido en la mayoría de partidos en los que defendió la camiseta de Ecuador. Su acierto disminuía al jugar vistiendo los colores de su país. Christian no fue inmune a estas críticas, tanto es así que terminó cerrando su cuenta de Twitter.
Sin embargo, sus números con Ecuador eran bastante aceptables para un delantero de su categoría. Los fallos por los que se le criticó siempre me parecieron, y es apreciación netamente personal, producto de una ansiedad mal trabajada, de temores no superados y de un insuficiente trabajo en el área psicológica. Benítez se mantuvo fiel a su trabajo, a su constancia como jugador, a su compromiso con su selección, pero no era impermeable a lo que se generaba en el entorno.
Hoy que no está, parece que su muerte hubiese trascendido a la importancia misma de su vida y con esto no quiero minimizar el dolor, el genuino dolor de nadie. Pero siempre creí que 'la procesión era mucho mayor por dentro' que por fuera. No desmerezco el dolor de un país, pero si creo que así como hubo una sobredimensión de sus desaciertos al ver puerta, también hay una sobredimensión del dolor de su partida. Y cuándo se hace de la muerte de alguien un evento más grande que su propia vida, se termina relativizando la vida misma.
Se vinieron homenajes, videos con goles que el marcó, goles que le dedicaron, homenajes de los fans, entrevista a los padres, entrevista a la viuda, entrevista a los amigos, entrevista a los compañeros, declaraciones de quienes lo vieron entrenar de chico, de quien alguna vez lo vio pasar por la calle, o gente que se empezó a imaginar que lo vio alguna vez y terminó por convencerse. Hubo declaraciones de los médicos forenses, opiniones en programas de chimentos, de programas pseudo-deportivos, fotos y más fotos, dibujos, actualizaciones de facebook, tuits, declaraciones de políticos, canciones, poemas, odas y más... A todos parecía que les dolía la muerte de Chucho más que a nadie. Creo que cada uno tiene derecho a expresar su dolor como mejor le parezca, como yo tengo derecho a decir que no es de buen gusto hacer las veces de plañideras y hacer de este acontecimiento una suerte de evento para ver quién sufre más.
Y que se me entienda bien, porque afortunadamente, no es algo planeado. Es algo que se ha dado de forma natural, por la sobreexposición que el aficionado demandó de los medios y porque estos están dispuestos a entregarle al aficionado todo lo que este pide, sobrepasando el dolor más respetable de todos: el de la familia directa del jugador, el de sus amigos íntimos. Puede que haya tintes propios de la cultura: el ecuatoriano es muy expresivo, emocional y sensible ante las pérdidas, en promedio. Pero, ni los medios, ni los directivos deportivos, ni las autoridades, mucho menos los hinchas fueron capaces de exigir el respeto, la resignación y sobriedad que el deceso de Benítez merecía.
En cuestión de horas, el Chucho, sin haber jugado, pasó de ser un gran jugador a convertirse en el último ídolo ecuatoriano, y es entonces, cuando la muerte hace que olvidemos quien fue en vida. Como 'no hay muerto malo', empezamos a dotarle de una serie de calificativos que distorsionan la imagen de quien en realidad fue Christian. Ahora se lo veía más goleador, más nueve, más rápido, más incisivo, más potente, más gracioso, más risueño y hasta más alto de lo que en realidad fue y al mismo tiempo, mucho menos Chucho que antes. Pareciera que al difunto siempre se tiende a llenarle de cualidades que no poseía, o exagerar las que si tenía. Prefiero recordarlo exactamente como era. A lo mejor, esa imagen distorsionada y tantas veces repetida de Chucho es la que produce tanto dolor, pues no volverán a recordarlo como alguna vez fue.
Los más allegados a Benítez notaron todo lo que señalo. El defensor Fricson Erazo hablaba de hipocresía de unos mezclándose con el cariño sincero de otros. Se lucró con la muerte de Benítez y eso es de 'malas personas'. No tardaron ni cuarto de hora en componerle canciones y salir del ostracismo mediático para revolear la camiseta de Christian, incluso el mismo Presidente de Ecuador, Don Rafael Correa se subió en este tren mediático de despropósitos, como mostraré a continuación:
La periodista jala la lengua a Correa, que casi no adora hablar y lucirse. Correa hace una introducción sobre la falta de oportunidades en el Ecuador, las dificultades de los afroecuatorianos en situación de miseria para triunfar y vencer las adversidades, para terminar diciendo 'Chucho era una de esas historias de miseria'; y luego termina hablando de lo bien que su gobierno apoya a las minorías en estado de miseria. La realidad es muy distinta. Chucho Benítez no nació en una cuna de oro, pero estuvo lejos de vivir situaciones de miseria. Su padre Ermen Benítez fue un destacado delantero de un club grande en Ecuador en los ochenta. En la temporada '86 Ermen es transferido al Xerez español, regresa al año siguiente al Nacional para ser transferido al Barcelona ecuatoriano por una suma millonaria. (Se habló de cien millones de sucres en aquella época). El presidente Correa, que es futbolero, debe poseer información equivocada, pero evidentemente y además, le da un tinte político a su declaración en un canal politizado como Telesur. Decir que la vida de Chucho fue una de esas 'historias de miseria' es hacer precisamente, lo que este artículo critica: distorsionar la realidad, dramatizarla y generar un contexto ajeno a lo que Benítez vivió. Si bien en los ochenta un jugador no ganaba las cantitades astronómicas de hoy en día, seguramente Chucho no vivió una 'historia de miseria', como Correa señala. Eso es desacreditar lo logrado por el padre de Chucho, Don Ermen.
Se llegó a los límites de la saturación, y en esto hay que responsabilizar a todos los actores sociales que intervinieron, en ese momento que no acababa más, en el que el dolor se asoció con la falta de escrúpulos, en que la desconsuelo se asoció con el morbo y en que el vacío se unió al oportunismo. Triste lección nos deja la muerte del joven Benítez. No se trata de prohibir porque no pasa por ahí la solución. Hay que educar y sensibilizar para poder dirigir nuestras acciones, caso contrario el corazón de Benítez no será el único que se detendrá, sino que corremos el riesgo de caer en una galopante pérdida de sensibilidad en nuestros corazones vivos y dejar de lado el respeto por el dolor del otro, si es que esto no ha pasado ya.
Benítez debe ser recordado como el jugador que fue, bueno, talentoso, técnico, potente, con una carrera interesante, con títulos y recordado gratamente en México, y por quienes lo conocieron de verdad, como la persona entrañable que sintieron que fue.
No se puede negar que nos queda la sensación de una carrera que se truncó; un jugador que dio todo por su selección y que cosechó mucho menos de lo que constantemente sembró. Su apresurada partida puede invitar a soñar a los hinchas más románticos con el 'que hubiese sido si tan solo... Pero es eso 'soñar', tan solo... Hay que recordarlo, valorarlo por lo que fue y no venerarlo por aquello que nunca llegó a ser. Las muestras de cariño de la gente son auténticas, no menosprecio esas demostraciones, pero creo que se violentaron, inconscientemente, espacios y momentos que le pertenecían a sus más queridos y cercanos.
No se puede negar que nos queda la sensación de una carrera que se truncó; un jugador que dio todo por su selección y que cosechó mucho menos de lo que constantemente sembró. Su apresurada partida puede invitar a soñar a los hinchas más románticos con el 'que hubiese sido si tan solo... Pero es eso 'soñar', tan solo... Hay que recordarlo, valorarlo por lo que fue y no venerarlo por aquello que nunca llegó a ser. Las muestras de cariño de la gente son auténticas, no menosprecio esas demostraciones, pero creo que se violentaron, inconscientemente, espacios y momentos que le pertenecían a sus más queridos y cercanos.
El Chucho se merece ser recordado así, tal cual, para que su memoria permanezca más intacta. Así lo recordarán sus amigos de verdad, como Valencia y Erazo, entre los más cercanos. Así lo recordará su familia. Esa exactitud en el recuerdo, lo intacto que permanezca en esos corazones es el mejor homenaje que le pudieron hacer, el más genuino, el que, poniéndome en la piel del Chucho, lo acompañará en esa otra vida.
Descansa ese corazón Chucho, deja que las piernas te guíen en tu nuevo campo.








