Las emociones fungen un papel primordial en el funcionamiento de un
equipo, aunque muchas veces esto es poco considerado por quienes gustan de llenarse la boca hablando de técnica, táctica y estado físico. No obstante, hay que reconocer
que el trabajo emocional en un equipo de fútbol ha ganado espacio con la
llegada de nuevos directores técnicos, en su mayoría, quienes muestran una
visión más integral del juego. No podemos hacernos de la vista gorda
cuando se trata del trabajo emocional que un equipo requiere. No podemos
pretender que nuestros jugadores mantengan un nivel de juego similar, ni siquiera
de un partido a otro, en donde muchas situaciones pueden haberles afectado. Ni siquiera, podemos pretender que todos rindan al unísono, cuando hay factores que a nivel grupal o personal les pueden afectar de las más distintas formas.
Hoy sabemos que la toma de
decisiones se ve afectada por las emociones,
que juegan un papel preponderante sobre las primeras. Las emociones están
siempre presentes en el ser humano, y nuestros jugadores no son la excepción.
No son máquinas que pueden blindarse de su entorno, o desconectar de él mientras
dura el partido. Así que como señalaba Eduard Punset (jurista, escritor y economista catalán): ‘Las emociones están en
el comienzo, en medio, y al final de cualquier proyecto’.
Sus relaciones de pareja,
familiares, con amigos; la presión de los hinchas por la victoria, o la misma
auto – presión; la afectación por lo que la
prensa dice o deja de decir; un comentario de un compañero de equipo, de
cualquier miembro del cuerpo técnico; su salud y el momento que atraviesa en la
vida cada jugador son algunos de los muchos factores que pueden determinar,
externamente, el estado emocional de cada uno.
Algunos jugadores usan la cancha para ‘desconectar’; otros la usan para
‘descargar’. Se puede hacer las dos cosas, pero las emociones siempre encierran
una funcionalidad o disfuncionalidad que pueden terminar afectando,
primeramente, al jugador como personal y al jugador en cuanto tal en relación
al juego y como parte del equipo.
Diariamente, estamos obligados a
tomar decisiones que se ven afectadas por las emociones. Estas decisiones
traerán consecuencias, que también se ven teñidas por las emociones. Verónica de Andrés y Florencia Andrés, expertas en Educación y Coaching, y autoras de 'Confianza Total', se referían en uno de sus cursos a la importancia de involucrar a las emociones en las decisiones que tomamos, sin dejar que estas nos controlen, para que sean decisiones tanto pensadas, como sentidas. Es decir, que para tomar mejores decisiones debemos permanecer en contacto directo con nuestras emociones. Decisiones como dónde vivir, en qué equipo jugar, qué trabajo aceptar, quién será nuestra pareja, no pueden tomarse exclusivamente desde lo racional, pues la razón que ignora los sentimientos se vuelve errática e imprecisa. Siempre se mencionó que el futbolista ecuatoriano, Alex Aguinaga tenía calidad suficiente para haber militado en el Real Madrid, en la década de los 90's. Sin embargo, Alex jugó durante años en México. ¿Falta de ambición? ¿Temor al éxito o al fracaso? Desde mi percepción, Aguinaga tomó una decisión basándose en su felicidad y la de su familia. Alex se sentía feliz, querido y exitoso en México, donde hasta el día de hoy es un ídolo para la afición del Necaxa y el hincha mexicano, en general, le profesa respeto y cariño.
Los directores técnicos hemos de asumir nuestro papel como líderes y gestores del grupo. Somos quienes estamos llamados a coadyuvar al
manejo de las emociones de nuestros jugadores para permitirles obtener los
mejores resultados posibles. Centrarnos exclusivamente en la visualización de aquello que nuestros jugadores
quieren y pueden alcanzar en el juego es limitante; El manejo de emociones tiene
una incidencia en la toma de decisiones futuras de nuestros jugadores, como
personas.
Hay que empezar por identificar
las emociones y momentos que atraviesa cada persona de nuestro equipo, mantener
una comunicación fluida, poseer la agudeza sensorial necesaria para calibrar el
estado de cada uno de nuestros jugadores. Es en función del estado emocional de cada uno de ellos y del grupo como
un ente colectivo, juntamente con la intención propia en lo técnico-táctico que
tenemos para el equipo que debemos enfocar nuestro trabajo semanal. Es decir, que requerimos tareas y planteamientos hechos a la medida y no
simples esquemas pre-elaborados, no solo en lo físico, sino también en lo emocional. Los retos que afronta cada persona en un equipo no pueden ser ni
demasiado sencillos, ni demasiado complicados; deben estar a la altura de sus
capacidades, pero deben constituir verdaderos retos para cada persona y para el
equipo. Lo contrario conlleva a una falsa imagen de las posibilidades reales
del equipo y también es nuestro deber como entrenadores re-direccionar para que
no haya ni excesos, ni faltas de confianza.
El único secreto para el éxito
que conozco es la sumatoria del trabajo duro, la preparación, el constante
aprendizaje de los fracasos, la humildad en todo momento, la magnanimidad en
los éxitos, la innovación; y escuchar nuestros propios sueños, creer en ellos y trabajar hasta hacerlos realidad.

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