En Ecuador, el ‘Club Deportivo El Nacional’ decidió apostar
por una idea tan romántica como descabellada: Traer a Manuel Tomé Portela, un
director técnico y ex jugador del Barça entre 1973 y 1976.
Tomé Portela en sus tres años en el Fútbol Club Barcelona
coincidió como compañero de equipo con nada menos que Johan Cruyff. Solo en su tercer año en el Barcelona tuvo una
actuación protagónica. Sus dos primeros años en el Barça fue dirigido por
Rinnus Michel (holandés), quien le dio pocas chances de ser parte del primer
equipo y su participación fue más anecdótica. El tercer año fue dirigido por Heinnes Weisweller (alemán) y finalmente
por Laureano Ruiz (español). Será muy
difícil decir cuánto influyeron Rinnus Michel o Cruyff, su compañero, para ir
determinando su impronta, su estilo.
Antes de llegar a Ecuador, Tomé Portela dirigió equipos de
Tercera División y Segunda División B en España, donde alcanzó cierta
estabilidad. No obstante, cuesta entender la motivación sea de El Nacional o el
grupo inversor Monaco Capital Group para decidir por su figura para rescatar a
un equipo que ha venido en picada en los últimos años. No vamos a desmerecer el trabajo de Manuel, ni
mucho menos del trabajo del Ourense, la Cultural Leonesa, Pontevedra, Racing de
Ferrol, entre otros.
Pero, partamos del principio que se trata de realidades y
necesidades completamente distintas. Dirigir equipos de Tercera División en
España, con aspiraciones a ascender en un campeonato de 20 equipos y comandar
un club de Primera División que apenas se esquivaba del descenso la temporada
pasada en un torneo de 12 equipos, son trabajos completamente distintos, y si
bien Tomé Portela podría tener las capacidades, los tiempos siempre soplaron en
contra. Recordemos que Manolo llegó cuando el campeonato ya había empezado. Es
decir, se había perdido la pre-temporada, base físico táctica para lo que será
la temporada. Hay mucho de responsabilidad suya en esta demora. El sabía que partía con desventaja, de llegar tarde.
No fue, solamente, el hecho del llegar tarde, si bien esto es
darle demasiada ventaja a algunos rivales. Es más ‘la idea de venir con nuevas
ideas’, con la firme intención de trastocar el estilo de juego del equipo, su
identidad. El trabajo necesario en El
Nacional pasa por redescubrir y redefinir la identidad del cuadro criollo, no
por canjear esa identidad por otra. El riesgo de hacer que un equipo juegue
como el Barça no es que exista otro Barça, sino tener un Barcelona de segunda. Para que el Barcelona de Guardiola llegase los niveles que llegó tuvo que pasar mucho tiempo. No solamente los cuatro años que estuvo Pep, si no Rinnus Michael, Cruyff, Robson, Van Gaal, Rijkaard, Guardiola y muchos otros que en mayor o menor medida aportaron al club. Hablamos de por lo menos medio siglo de madurar una idea, con una historia más llena de decepciones que de triunfos brillantes, antes del período de maduración.
Para generar identidad hay que conocer y reconocer – o reconocerse
- ; para generar identidad hay que trabajar en mucho más que en la imitación,
en un proceso de introspección, de un profundo análisis, en este caso, del
equipo, que por falta de tiempo y por las urgencias propias del caso, Tomé
Portela no fue capaz de realizarlas, ni creyó oportuno realizarlas. Los jugadores, en la corta permanencia del
español en el cargo, nunca mostraron adaptarse a la idea, y mucho menos adoptar
la idea. Estos dos procesos – adaptación y adopción – son vitales en la
generación de una ‘nueva’ identidad, que bajo ningún concepto, puede estar desvinculada
de la anterior. Intentó saltarse
demasiados pasos de este camino y eso, inequívocamente, lleva a la caída.
Cuando una idea no llega a transmitirse correctamente a los
dirigidos, es responsabilidad del entrenador. En cinco fechas, cinco derrotas,
que preocupan mucho más en el ‘cómo’, porque el equipo nunca encontró una
posesión criteriosa y paciente del balón. El equipo no llegó a estar cómodo ni
con el balón, ni sin él. Los chicos mostraban más confusiones que aciertos y su
autoestima se veía disminuida partido a partido. Para que un estilo se impregne en un equipo es
necesario, como decíamos llegar a la adaptación completa, pero pasando por la adopción
de la idea, para esto hay que empezar por creer en la idea. La convicción en la adopción de una nueva idea no es negociable.
En 'El Nacional' en esas cinco fechas no se vio trabajada la
idea de la posesión del balón, pero tampoco un correcto posicionamiento. El
equipo lucía muy esperanzado en lo que pudiera hacer Govea, un Jefferson
Hurtado, quien destaca como el mejor hombre en la zaga; o un apocado Samaniego,
que ha perdido la frescura de juego por la que destacase en Independiente del
Valle. Si bien en este corto período el equipo empezó a adoptar el juego por
las bandas, la idea parecía demasiado fresca y viciada de errores que no se
corregían partido a partido, sino que se repetían; o peor aún se
acentuaban. Daba la sensación que
siempre había mucho que hacer y había muy poco tiempo hasta el siguiente
partido.
En los grandes clubes, esta idea que define el estilo
proviene de la tradición e historia del club, también de la impronta del
entrenador, juntamente con la calidad futbolística y humana que componen la
plantilla. No se puede ignorar ninguno de estos elementos, porque se trata,
prácticamente, de un acto de alquimia. Desconozco las razones que impulsaron al
grupo inversor, o a El Nacional a apostar por Tomé Portela, pero era una
decisión demasiado arriesgada, a simple vista, y no se tomaron el tiempo
necesario para asumir ese riesgo.
Si la apuesta de los directivos de El Nacional por la
propuesta de Manolo se basaba en el juego estético, minimalista y fluido del
Barça, de todas formas se debió proceder con mayor coherencia, contestando tres
preguntas: ¿Qué tenemos? (estado evaluativo) ¿Qué queremos conseguir? (objetivo) ¿Cómo lo
vamos a lograr? (determinar sub-objetivos y pasos para alcanzar la meta). Cuándo
la meta es poco realista, las posibilidades de fallar en la obtención de la
misma se acrecientan.
El Nacional, conocido como los ‘Puros Criollos’, se
caracteriza por contar con futbolistas, exclusivamente, ecuatorianos y aquí
radica una de las claves en esa búsqueda de identidad que debe ser el objetivo
primordial de este equipo. Esa búsqueda, ya tiene un costo elevado al hablar de
un equipo que viene peleando descensos y que marcha último con solo 1 partido
ganado y 6 perdidos en el actual campeonato. Esta búsqueda puede significar la
salvación del equipo; pero en la posición actual, dicha lucha será desgastante
y también puede terminar por hundirlo en la Primera B del fútbol ecuatoriano. A mi entender, la búsqueda de la identidad es
un paso necesario. Es posible que las urgencias para evitar el descenso
orienten los esfuerzos hacia otros rumbos, pero la necesidad de definir o redefinir
el estilo ya se presento a inicios de este campeonato. Volverá a aparecer más
temprano que tarde. Puede ser contraproducente apostarle a las urgencias, pero a veces es lo que dicta el instinto.
Mientras tanto, los hinchas sufren la realidad del cuadro
militar, la toma de decisiones románticas, desesperadas, pero poco meditadas,
en espera de mejores días como cuando las copas las levantaban sus ídolos con sus propias manos.

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