jueves, 14 de marzo de 2013

El Nacional de las decisiones románticas y desesperadas: Tomé Portela


En Ecuador, el ‘Club Deportivo El Nacional’ decidió apostar por una idea tan romántica como descabellada: Traer a Manuel Tomé Portela, un director técnico y ex jugador del Barça entre 1973 y 1976.  

Tomé Portela en sus  tres años en el Fútbol Club Barcelona coincidió como compañero de equipo con nada menos que Johan Cruyff.  Solo en su tercer año en el Barcelona tuvo una actuación protagónica. Sus dos primeros años en el Barça fue dirigido por Rinnus Michel (holandés), quien le dio pocas chances de ser parte del primer equipo y su participación fue más anecdótica. El tercer año fue dirigido por Heinnes Weisweller (alemán) y finalmente por Laureano Ruiz (español).  Será muy difícil decir cuánto influyeron Rinnus Michel o Cruyff, su compañero, para ir determinando su impronta, su estilo.

Antes de llegar a Ecuador, Tomé Portela dirigió equipos de Tercera División y Segunda División B en España, donde alcanzó cierta estabilidad. No obstante, cuesta entender la motivación sea de El Nacional o el grupo inversor Monaco Capital Group para decidir por su figura para rescatar a un equipo que ha venido en picada en los últimos años.  No vamos a desmerecer el trabajo de Manuel, ni mucho menos del trabajo del Ourense, la Cultural Leonesa, Pontevedra, Racing de Ferrol, entre otros.  

Pero, partamos del principio que se trata de realidades y necesidades completamente distintas. Dirigir equipos de Tercera División en España, con aspiraciones a ascender en un campeonato de 20 equipos y comandar un club de Primera División que apenas se esquivaba del descenso la temporada pasada en un torneo de 12 equipos, son trabajos completamente distintos, y si bien Tomé Portela podría tener las capacidades, los tiempos siempre soplaron en contra. Recordemos que Manolo llegó cuando el campeonato ya había empezado. Es decir, se había perdido la pre-temporada, base físico táctica para lo que será la temporada. Hay mucho de responsabilidad suya en esta demora. El sabía que partía con desventaja, de llegar tarde.


No fue, solamente, el hecho del llegar tarde, si bien esto es darle demasiada ventaja a algunos rivales. Es más ‘la idea de venir con nuevas ideas’, con la firme intención de trastocar el estilo de juego del equipo, su identidad.  El trabajo necesario en El Nacional pasa por redescubrir y redefinir la identidad del cuadro criollo, no por canjear esa identidad por otra. El riesgo de hacer que un equipo juegue como el Barça no es que exista otro Barça, sino tener un Barcelona de segunda. Para que el Barcelona de Guardiola llegase los niveles que llegó tuvo que pasar mucho tiempo. No solamente los cuatro años que estuvo Pep, si no Rinnus Michael, Cruyff, Robson, Van Gaal, Rijkaard, Guardiola y muchos otros que en mayor o menor medida aportaron al club. Hablamos de por lo menos medio siglo de madurar una idea, con una historia más llena de decepciones que de triunfos brillantes, antes del período de maduración. 

Para generar identidad hay que conocer y reconocer – o reconocerse - ; para generar identidad hay que trabajar en mucho más que en la imitación, en un proceso de introspección, de un profundo análisis, en este caso, del equipo, que por falta de tiempo y por las urgencias propias del caso, Tomé Portela no fue capaz de realizarlas, ni creyó oportuno realizarlas.  Los jugadores, en la corta permanencia del español en el cargo, nunca mostraron adaptarse a la idea, y mucho menos adoptar la idea. Estos dos procesos – adaptación y adopción – son vitales en la generación de una ‘nueva’ identidad, que bajo ningún concepto, puede estar desvinculada de la anterior.  Intentó saltarse demasiados pasos de este camino y eso, inequívocamente, lleva  a la caída.

Cuando una idea no llega a transmitirse correctamente a los dirigidos, es responsabilidad del entrenador. En cinco fechas, cinco derrotas, que preocupan mucho más en el ‘cómo’, porque el equipo nunca encontró una posesión criteriosa y paciente del balón. El equipo no llegó a estar cómodo ni con el balón, ni sin él. Los chicos mostraban más confusiones que aciertos y su autoestima se veía disminuida partido a partido.  Para que un estilo se impregne en un equipo es necesario, como decíamos llegar a la adaptación completa, pero pasando por la adopción de la idea, para esto hay que empezar por creer en la idea. La convicción en la adopción de una nueva idea no es negociable.

En 'El Nacional' en esas cinco fechas no se vio trabajada la idea de la posesión del balón, pero tampoco un correcto posicionamiento. El equipo lucía muy esperanzado en lo que pudiera hacer Govea, un Jefferson Hurtado, quien destaca como el mejor hombre en la zaga; o un apocado Samaniego, que ha perdido la frescura de juego por la que destacase en Independiente del Valle. Si bien en este corto período el equipo empezó a adoptar el juego por las bandas, la idea parecía demasiado fresca y viciada de errores que no se corregían partido a partido, sino que se repetían; o peor aún se acentuaban.  Daba la sensación que siempre había mucho que hacer y había muy poco tiempo hasta el siguiente partido.

En los grandes clubes, esta idea que define el estilo proviene de la tradición e historia del club, también de la impronta del entrenador, juntamente con la calidad futbolística y humana que componen la plantilla. No se puede ignorar ninguno de estos elementos, porque se trata, prácticamente, de un acto de alquimia. Desconozco las razones que impulsaron al grupo inversor, o a El Nacional a apostar por Tomé Portela, pero era una decisión demasiado arriesgada, a simple vista, y no se tomaron el tiempo necesario para asumir ese riesgo.  

Si la apuesta de los directivos de El Nacional por la propuesta de Manolo se basaba en el juego estético, minimalista y fluido del Barça, de todas formas se debió proceder con mayor coherencia, contestando tres preguntas: ¿Qué tenemos? (estado evaluativo)  ¿Qué queremos conseguir? (objetivo) ¿Cómo lo vamos a lograr? (determinar sub-objetivos y pasos para alcanzar la meta). Cuándo la meta es poco realista, las posibilidades de fallar en la obtención de la misma se acrecientan.

El Nacional, conocido como los ‘Puros Criollos’, se caracteriza por contar con futbolistas, exclusivamente, ecuatorianos y aquí radica una de las claves en esa búsqueda de identidad que debe ser el objetivo primordial de este equipo. Esa búsqueda, ya tiene un costo elevado al hablar de un equipo que viene peleando descensos y que marcha último con solo 1 partido ganado y 6 perdidos en el actual campeonato. Esta búsqueda puede significar la salvación del equipo; pero en la posición actual, dicha lucha será desgastante y también puede terminar por hundirlo en la Primera B del fútbol ecuatoriano.  A mi entender, la búsqueda de la identidad es un paso necesario. Es posible que las urgencias para evitar el descenso orienten los esfuerzos hacia otros rumbos, pero la necesidad de definir o redefinir el estilo ya se presento a inicios de este campeonato. Volverá a aparecer más temprano que tarde. Puede ser contraproducente apostarle a las urgencias, pero a veces es lo que dicta el instinto.

Mientras tanto, los hinchas sufren la realidad del cuadro militar, la toma de decisiones románticas, desesperadas, pero poco meditadas, en espera de mejores días como cuando las copas las levantaban sus  ídolos con sus propias manos. 

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